Te equivocaste
Pusiste tu corazón en el juego, sabiendo de antemano que la relación sería puro sexo, te emocionaste y llegaste a creer que podrías interesarle más allá de la cama. Te equivocaste. Con tu entrega inigualable, quisiste creerte irreemplazable, hasta llegaste a espiar sus movimientos, como si él te debiera fidelidad: una pobre tonta resultaste. Comenzaste a quererlo solo para ti, y tus ataques de celos fueron cada vez más evidentes. Reproches, lágrimas y encuentros esporádicos eran tu pan de cada día. Pusiste tu corazón en el juego y ahora no logras apartarlo de tus pensamientos: te equivocaste...